Fidel y su visión del conflicto en el África Austral
por: Luis Edel Abreu Veranes
Para mediados de la década de los años setenta se había volteado la página del período de las descolonizaciones clásicas en el África Subsahariana, concentrado en la década anterior, y que arrojó como fruto principal, la llegada de decenas de nuevos estados a la vida independiente. La situación en el África Austral debe analizarse con una mirada diferente, fue la macro zona que el colonialismo concibió como el gran reservorio de fuerza de trabajo, destinada a las plantaciones agrícolas y la producción minera. Hay que tomar en cuenta la existencia de un poderoso colonato de origen europeo que buscó, de todas las maneras posibles, cerrar el paso de la descolonización en el cono sur del continente africano. Por tanto, aquí el conflicto fue mucho más accidentado y de largo tránsito, a través de importantes movimientos de liberación nacional, con la lucha armada como medio fundamental.
Las guerras de liberación desarrolladas por los movimientos de las colonias portuguesas en Guinea Bissau, Angola y Mozambique hicieron caer en crisis al propio régimen dictatorial que gobernó en Lisboa durante décadas. La llegada al poder en Portugal de un nuevo gobierno, producto de la Revolución de los Claveles en 1974, inició un proceso negociador con el nacionalismo en las colonias que, en algunos casos, había liberado gran parte de sus respectivos territorios.
En Angola la situación era un poco más compleja: existían tres movimientos desarrollándose al unísono. Por una parte, estaba el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), dirigido por Holden Roberto y con una fuerte membrecía de la etnia de los bakongos que residían en el extremo norte de Angola, y que compartían su identidad etno-tribal con los bakongos de Zaire y los del Congo francés (Brazzaville). Tuvo un importante apoyo de Mobutu en el Zaire, quien permitió que Roberto estableciera un gobierno angolano en su territorio, lo cual llevó al equívoco a varios países, que ignoraban la verdadera naturaleza del FNLA y apoyaron ese gobierno en el exterior.
Por otro lado, estaba el componente ovimbumdu de la UNITA y mbundu del MPLA, aunque esta última organización sostuvo una proyección supratribal en la conducción del movimiento de liberación, bajo la dirección de Agostinho Neto.[1] Pronto se fueron configurando los intereses internacionales en torno a la UNITA y el FNLA, sobre la base del apoyo sostenido por las potencias occidentales, Estados Unidos, Sudáfrica, Reino Unido, Francia, además estaban China y Zaire. El MPLA, que había contado con una importante cooperación de Yugoslavia durante la guerra de independencia, pudo lograr una mayor atención de otros países socialistas como Cuba y la URSS.
Cuba fue más prudente a la hora de responder a la solicitud de Agostinho Neto, ya que la intensa experiencia de Cuba en África había hecho crecer a nuestra dirección revolucionaria en la evaluación y el análisis de los acontecimientos, antes de enviar cualquier apoyo. Cuando las potencias occidentales amenazaban con exacerbar el conflicto entre los tres movimientos, decantándose por las conservadoras y desorganizadas fuerzas del tribalismo, representadas en el FNLA y la UNITA, Cuba no vaciló en el envío de la ayuda técnica que las fuerzas de las FAPLA necesitaban para robustecer su ejército.
Durante el otoño de 1975, la situación que dejaron los portugueses a inicios de año con el Acuerdo de Alvor[2] había degenerado en una espiral de violencia, en que el MPLA aprovechó para lograr el control sobre los más importantes centros urbanos, incluido la capital, Luanda, que se encontraba amenazada por la incursión sistemática de los integrantes del FNLA. Pero a mediados del mes de octubre de 1975 comenzaron a entrar tropas sudafricanas, integradas por negros angolanos pertenecientes al FNLA y dirigidos por miembros de la oficialidad de las fuerzas armadas de Sudáfrica.
El liderazgo de Fidel en la decisión del envío de tropas cubanas
Hasta el momento de la incursión de los sudafricanos en Angola, la presencia cubana se circunscribía a los instructores encargados de preparar a las unidades de las FAPLA. En los primeros días del mes de noviembre, Fidel había tomado la decisión de mandar tropas especiales del MININT, que estuvieran en condiciones de entrar en combate junto a los instructores que ya se encontraban en suelo angolano, en el momento del primer tropiezo con las tropas movilizadas por el régimen del Apartheid, que avanzaban con gran rapidez por el sur de Angola, equipadas con un poderoso armamento. Este constituyó el inicio de la Operación Carlota.
La decisión fue absolutamente cubana y el protagonismo de Fidel fue vital. Motivado por la convicción de no abandonar a su suerte a los instructores cubanos, la causa justa de no dejar que la independencia del país austral cayera en peligro ante el avance del ejército movilizado por el régimen del Apartheid. Actualmente, pocas fuentes dudan de aquella realidad, aunque en su momento se pudo haber manejado la idea de que Fidel actuaba como satélite de la URSS, la propia evolución de los acontecimientos indicaban lo contrario. Fidel tomó el liderazgo del apoyo internacional al MPLA, y junto con él, el pueblo y la Revolución cubana. Un acontecimiento poco usual en el escenario de las relaciones internacionales, que un pequeño país asumiera un papel de avanzada en un conflicto enmarcado en la dinámica de la Guerra Fría, contexto en que la vanguardia la conducían las grandes potencias, de uno u otro bloque. En aquella época ni el influyente secretario de estado de los Estados Unidos Henry Kissinger podía imaginarse la verdadera connotación de la participación cubana y de la decisión de Fidel, al escribir en sus memorias: «No podíamos imaginar que actuaría tan provocativamente y tan lejos de casa, a menos que hubiera sido presionado por Moscú como recompensa por la ayuda económica y militar prestada a Cuba. Las evidencias disponibles ahora, demuestran que el caso fue todo lo contrario.»[3]
Varios años de experiencia compartida con África, en su lucha por la independencia y contra regímenes antipopulares, influyeron en que Fidel tomara la decisión de no subestimar la fuerza del poderoso enemigo sudafricano, y enviar todos los hombres que hicieran falta para consolidar la victoria angolana. Decenas de miles de cubanos cruzaron el Atlántico y combatieron durante varios meses hasta concretar la victoria. Para la primavera de 1976, cuando ya habían sido expulsados los sudafricanos, Fidel pudo evaluar la situación en base a una posible evacuación gradual de las tropas cubanas, pues representaba un costo muy grande, para la Isla, asumir la manutención de un ejército de tan vastas proporciones, a miles de kilómetros de distancia. Estaban presentes las presiones ejercidas desde la Unión Soviética. A la larga, el peligro sudafricano determinó que los cubanos no se retiraran del territorio angolano.
Las tensas relaciones con los Estados Unidos se exacerbaron ante la decisión de nuestra revolución y la determinación de Fidel de no ceder en nuestra cooperación internacional con Angola y el reclamo de la independencia para Namibia. Los gobiernos norteamericanos comenzaron a utilizar este factor como condicionante para cualquier avance en las relaciones con el país norteño. Angola se había convertido, a partir de la presencia cubana, en un actor internacional y regional importante en la lucha del África Austral contra el poder opresor blanco, que a fines de los años setenta, regía en Sudáfrica, Namibia y Zimbabwe, que todavía era Rodesia. Cuando Fidel viajó a Angola, en el mes de marzo de 1977, se reunió con los líderes angolanos y pronunció varios discursos, en donde se sintetizaron algunas de sus preocupaciones sobre la situación del hermano país en aquellas circunstancias.
Fidel y la continuidad del proceso angolano
En su visita a la tierra de Agostinho Neto, Fidel mostró una preocupación por los asuntos de la reconstrucción y el desarrollo de Angola, que dejó explícita en sus discursos ante el pueblo. En las reuniones con el presidente Neto, Fidel insistió en la preparación de las fuerzas de las FAPLA y la lucha de estas contra la insurgencia interna en el país, representada fundamentalmente por la UNITA. El líder de la Revolución cubana era partidario de que Angola debía concentrar todos sus esfuerzos en la eliminación de la desestabilización interna, o sea la lucha contra bandidos.
Cuba había cubierto, no sólo las necesidades de los requerimientos de la guerra sino que, en el plano civil, había pasado a desempeñar un papel determinante ante la carencia de personal calificado. En el sector de la salud, comenzó a crecer exponencialmente la presencia médica de los cubanos. Fidel buscó trasladar su idea revolucionaria sobre la salud al escenario del país austral y sus preocupaciones sobre los más disímiles aspectos de la vida social de un país, sobre todo uno en revolución.
Cuando Neto visitó Cuba, a inicios del año 1979, conversó con Fidel diversas cuestiones relativas a la situación regional en el cono sur de África y también asuntos propiamente bilaterales. Con respecto a la presencia militar de Cuba, Neto propuso, basado en la mejoría de las relaciones con Zaire y en presiones realizadas por los norteamericanos, una posible reducción de tropas en el norte del país, en la ciudad de Uige.
Cuando Fidel hizo una propuesta concreta acerca del tema, sus palabras dirigidas a Neto fueron en la dirección de que comprendiera la necesidad de fortalecer a las FAPLA para, cuando llegara el momento, Cuba se pudiera retirar sin necesidad de ocasionar una catástrofe militar. También era cierto que la solidaridad internacionalista cubana costaba millones de pesos a la economía de un país pequeño y bloqueado como el nuestro.
Mientras tanto, la agresión externa a través de la incursión de las tropas sudafricanas sería contenida por el ejército cubano, que fortaleció sus posiciones en el sur de Angola, a 250 kilómetros al norte de la frontera con Namibia, lo cual permitía el desarrollo de las operaciones de la fuerza aérea cubana, teniendo en cuenta la superioridad sudafricana en este aspecto. El plan ideado por Fidel y las máximas autoridades de la misión cubana en Angola, contempló la creación de una robusta línea para la defensa, desde la costa alrededor de Namibe hasta la zona del pueblo de Menongue, en el interior del país.
En septiembre de 1979, murió el primer presidente de Angola, Antonio Agostinho Neto. La delegación cubana a los funerales fue presidida por el comandante Juan Almeida. Fidel, en un acto de prudencia, decidió no asistir personalmente porque los enemigos de la Revolución cubana y de Angola, a raíz de este suceso, estaban construyendo un estado de opinión sobre la supuesta intromisión del líder cubano en relación con la elección del próximo presidente. No obstante, Fidel envió un mensaje de condolencias al buró político del MPLA, en el que los instaba a fortalecer la unidad y la voluntad de continuar el diálogo que había mantenido con Neto sobre las misiones cubanas.
La situación regional en el cono sur de África fue tratada entre Fidel y Neto en enero de 1979, lo cual estaba interrelacionado con la situación internacional de la guerra fría y el apoyo a un gobierno de mayorías en territorios como Namibia y Rodesia, cuyos movimientos de liberación luchaban por tales propósitos. Aunque en aquellos momentos todas las capacidades de la colaboración militar en África de los cubanos las ocupaba, fundamentalmente, las misiones de Angola y Etiopía. Los norteamericanos estaban ansiosos de una garantía de parte de Cuba y Angola; fundamentalmente, que no existiría un envío de apoyo militar directo a las guerrillas que se mantenían bajo el hostigamiento de los regímenes de minorías blancas en la región, o sea el Apartheid y Rodesia; esta última hasta 1980, en que tuvo lugar el tránsito hacia un gobierno de mayorías convirtiéndose en Zimbabwe.
Las dos principales organizaciones nacionalistas, que en Rodesia dirigían la guerra contra el régimen blanco, eran la ZANU (Zimbabwe African National Union) de Robert Mugabe y la ZAPU (Zimbabwe African People`s Union) de Joshua Nkomo. Aunque Fidel y la dirección de la Revolución tenían en perspectiva un acercamiento a ambas, la realidad era que el ajedrez de las alianzas regionales favorecía el apoyo de Cuba a la organización de Nkomo, porque contaba con la alianza de los principales colaboradores de Cuba en la región, la URSS y Angola. Sin embargo, las conversaciones de Fidel con Neto en enero del 1979 reflejaron la intensión de nuestro líder histórico de favorecer la reconciliación entre ambas organizaciones y limar cualquier aspereza. Hay un reconocimiento, por parte de Fidel, al liderazgo y la labor realizada por la ZANU en la liberación de ese pueblo del régimen rodesiano. Mugabe logró algunos contactos en Cuba, a pesar de que nuestro apoyo principal, en este escenario, fue dirigido hacia la ZAPU. Sin embargo, la situación fue más difícil con la Unión Soviética que consideraba a Mugabe un líder pro chino. Cuando llegó el momento de la independencia, rápidamente el país estableció relaciones diplomáticas con Cuba, a diferencia de la URSS que tardó varios meses para dicho procedimiento.[4]
En la década del ochenta, Cuba enfatizó su postura sobre la retirada de las tropas sudafricanas del territorio de Namibia y su independencia para llegar a cualquier negociación que implicara la retirada de las tropas cubanas de Angola. En el plano interno, Fidel insistió con los líderes angolanos, en que la tarea fundamental del MPLA y de las FAPLA era la lucha contra la oposición interna de la UNITA, que era el escenario donde deberían concentrar todas sus posibilidades; mientras, el enemigo externo sería rechazado por las tropas cubanas. Cuando el conflicto tomara aspecto de agresión externa, el enemigo sería repelido por la misión militar cubana, pero en la dimensión civil del conflicto, al interior del propio estado, entre la gente del mismo país, debía ser responsabilidad absoluta de las FAPLA, fue una clara división de funciones, con la que nuestros hermanos angolanos estuvieron de acuerdo.
En esta visión existieron contradicciones con lo planteado por el mando soviético, cuya posición al respecto era que tanto las FAPLA como las tropas cubanas debían combatir contra los sudafricanos y la UNITA, simultáneamente. De cierta forma, estas disensiones se reflejaron en el terreno, en la batalla de Cangamba, cuando las tropas de las FAPLA y el apoyo cubano lograron rechazar a la UNITA en ese territorio; Fidel y la dirección cubana eran partidarios de retirarse de aquella zona aislada y susceptible de un posible ataque aéreo sudafricano. Mientras, el mando soviético planteó la propuesta de utilizar esta victoria circunstancial para avanzar en el sudeste de Angola. Los cubanos se retiraron el día 12 de agosto de 1983, según la orden del mando cubano, que al mismo tiempo trató de convencer a las FAPLA de la retirada, que finalmente no ejecutaron. Esto permitió a la fuerza aérea sudafricana avanzar sobre Cangamba, dos días después de la retirada de los cubanos, y su posterior ocupación por parte de la UNITA.
Fidel, a través de Jorge Risquet, comenzó a mover todos los resortes con vista a fortalecer las posiciones de Cuba en Angola, temiendo una posible avanzada de los sudafricanos a partir de lo sucedido en Cangamba. Esto incluía viajar a Moscú para recabar el apoyo necesario de la URSS a la decisión tomada por Cuba. Hay que contextualizar, que esa decisión fue tomada en un momento en que nuestro país se encontraba seriamente amenazado de una agresión militar por parte de la administración norteamericana, con Ronald Reagan en el poder. A pesar de todo, Cuba y su máximo líder no repararon esfuerzos para fortalecer las tropas que se encontraban en Angola, bajo el riesgo que esto representaba para la defensa de nuestro país. En una carta de Fidel al presidente Dos Santos se expuso, con total sinceridad, la prevalencia de una concepción militar errónea, promovida por el mando soviético, que había llevado a un estancamiento en la lucha contra la UNITA, pues la mayoría de los recursos destinados se reservaban para otros fines, restándole importancia al objetivo que los cubanos habían planteado con tanto encono, no por una cuestión de capricho, sino de objetividad y organización de las funciones militares, además de la importancia de la pacificación interna para la normalización y la reconstrucción del país.
En su política exterior, sobre todo las relaciones con los Estados Unidos, Cuba siempre dejó clara su posición de que Angola quedaba fuera de toda discusión. Fidel nunca dejó ningún asidero para las presiones del gobierno norteamericano, la presencia de Cuba en Angola debía discutirse con Angola. En este sentido, los angolanos comenzaron a reunirse con los norteamericanos, producto de la fuerte presencia sudafricana en el sur de Angola, al sur de la línea cubana. Estas reuniones se realizaron en enero de 1984, lo cual allanó el camino para conversaciones con los sudafricanos, cuya resonancia fundamental fue la firma del Acuerdo de Lusaka, que comprometía los acuerdos militares firmados con Cuba, ya que limitaba el movimiento de nuestras tropas y de la SWAPO en el sur de Angola, donde los sudafricanos se comprometieron a retirar escalonadamente sus fuerzas.
Cuando Dos Santos estuvo en La Habana, poco después de la firma del Acuerdo de Lusaka, Fidel hizo explícita, de forma muy respetuosa, sus consideraciones acerca del procedimiento inconsulto por parte de Angola, que había firmado importantes acuerdos de naturaleza militar con el gobierno cubano, que chocaban con la esencia de lo pactado en Lusaka entre angolanos y sudafricanos. Fidel, sin presionar mucho más, comenzó a abordar otras problemáticas relacionadas con la situación de los servicios médicos de los cubanos. En importantes zonas de Angola existía una total carencia de muchos medicamentos; entonces, fue planteada la alternativa de producir un paquete de algunas de estas medicinas necesarias. Esta modesta contribución de Cuba era parte de la misión civil de nuestro país en tierras angolanas, cuyos integrantes también estuvieron expuestos al conflicto armado y desempeñaron un papel relevante.
Para el mes de septiembre de 1986, se realizó en Harare, Zimbabwe, la octava Cumbre del Movimiento de Países No Alineados. Este era un país que unos años antes todavía sufría las consecuencias de un régimen de minoría blanca, el más parecido al Apartheid. La actitud de nuestra Revolución y de Fidel, en particular, fue utilizar el contexto para mostrar al mundo la necesidad de presionar para poner fin al régimen en Sudáfrica, ya que, sin esta premisa, los gobiernos de la región no tendrían sosiego. De esta forma, la Revolución cubana refrendó su apoyo irrestricto a Angola y la voluntad de mantener las tropas cubanas hasta que se pusiera fin al Apartheid, que se encontraba en una situación crítica por el aislamiento internacional, las consecuencias económicas, la opinión pública y, sobre todo, el estado de desestabilización interna que levantaba las esperanzas de todos los que creían en el fin de aquel engendro.
Durante varias etapas del conflicto en Angola se reflejaron las contradicciones entre el mando soviético y el cubano; con el proceso de Cangamba, la dirección cubana había logrado que triunfara el principio, expuesto tantas veces por Fidel, de que las Fuerzas Armadas angolanas debían concentrar todos sus esfuerzo en la lucha contra la UNITA. Después, permanecieron desacuerdos de otra naturaleza entre ambos mandos. Mientras, la estrategia de Cuba iba enfocada al desarrollo de una guerra de guerrillas —tal como lo requerían las condiciones de Angola, similar a la situación de Cuba en la lucha contra la dictadura de Batista—, el marco de referencia soviético iba encaminado a la reproducción de los escenarios de la Segunda Guerra Mundial, que era la principal experiencia bélica de los soviéticos. Esto entrañaba la creación de un ejército clásico, convencional en el desarrollo de las diferentes operaciones, que privaba de recursos a las brigadas que debían combatir a la UNITA.
Fidel había manejado la posibilidad de un ataque contra Sudáfrica en el sur de Angola, que hiciera cambiar la situación inexpugnable que mantuvieron los sudafricanos en esa región y en la frontera con Namibia. Dentro del contexto de crisis del Apartheid, Fidel buscaba una salida que pudiera acelerar el fin del odiado sistema. Se realizaron conversaciones con los soviéticos, para que estos suministraran el armamento aéreo necesario, con el objetivo de equilibrar la superioridad de Sudáfrica en este aspecto y poder maniobrar con mejor situación en la franja sureña de Angola, ocupada por Sudáfrica. Fidel sostuvo conversaciones con Gorbachov en el marco de las celebraciones por el XXII Congreso del Partido Comunista de la URSS, en febrero de 1986, también en visita a tierras angolanas, tuvo un intercambio con Konstatin Kurochkin, jefe de la misión soviética en Angola.[5] En estas conversaciones, Fidel reflejaba su estado de inquietud respecto a la situación en el sur de Angola, que no cambiaba después de varios años. La máxima dirección de nuestro país, y de nuestra misión en Angola, empezó a decantarse por una contraofensiva en esa zona meridional del estado angolano, aprovechando el desprestigio y la situación crítica del Apartheid a mediados de la década de los años ochenta.
Durante el año 1987, Cuba se distanciaba un poco de la Unión Soviética por su creciente acercamiento a los Estados Unidos, cuyo gobierno mantuvo una línea dura respecto a los asuntos de Cuba y, en particular, al tema de Angola. Los soviéticos no apoyaron con el armamento que Cuba necesitaba para expulsar a los sudafricanos del sur de Angola. Ese año los cubanos se enfrentaron ante la situación de la escalada sudafricana alrededor del poblado de Cuito Cuanavale. A partir del deterioro de los acontecimientos en el terreno, la decisión de nuestros líderes fue la de reforzar las tropas con el mejor armamento disponible; noviembre fue un mes de grandes retos, en este sentido. A partir de los reclamos del alto mando angolano, Fidel y la dirección cubana decidieron el envío de más tropas y bien armadas para proteger el poblado de Cuito, pero sin utilizarlo como trampolín para una ofensiva, ya que esto representaba luchar en el terreno escogido por el enemigo. Una de las ideas esenciales era el fortalecimiento de la aviación cubana para contrarrestar la superioridad aérea del enemigo.
En este momento crucial, Fidel identificó que los mayores peligros se encontraban en Angola, por tanto los refuerzos debían ser inmediatos y sin reservas. Sudáfrica transitaba por un momento de extrema agresividad; mientras, los Estados Unidos habían disminuido sus posiciones más extremistas, dentro del ejecutivo, debido a sus escándalos, específicamente el «Irán-contras».[6] Los cubanos tomaron la iniciativa, sin esperar por la decisión del apoyo soviético, planteado en anteriores ocasiones. Tales propósitos se materializaron en la operación XXXI aniversario del desembarco del Granma.
A partir de la decisión de la dirección cubana, Fidel les comunica a los angolanos de la necesidad de establecer una estrecha colaboración entre las partes, sin permitir cauce a ninguna contradicción que pudiera hacer peligrar el curso de las operaciones que se estaban llevando a cabo en aquellos instantes. Aquí los desacuerdos fundamentales se daban entre los cubanos y los soviéticos, que quedaron explícitos en los intercambios de misivas entre Fidel y Gorbachov a finales de 1987. También estaba el hecho de la Operación cubana que no fue consultada sino posteriormente informada, ya que, como expresaba Fidel, era un asunto relacionado con la seguridad de miles de vidas que lo estaban arriesgando todo en Angola, y Cuba no podía correr la suerte de un descalabro, debido al envalentonamiento de las tropas sudafricanas y por no haber actuado con la rapidez que los acontecimientos ameritaba.
Bajo esta nueva atmósfera, los soviéticos tuvieron que aceptar, otra vez, el rumbo que habían tomado los acontecimientos y apoyar a los cubanos con el refuerzo que necesitaban, a medida que nuestras tropas fueron avanzando en el terreno, obteniendo las victorias esperadas en el suroeste de África. Fidel se preocupó, además, por tranquilizar la ansiedad de los soviéticos sobre las intenciones de Cuba con esta nueva ofensiva. En sus comunicaciones con Gorbachov, le expresaba la necesidad de buscar una nueva correlación de fuerzas en el terreno para poder sentarse a negociar con los sudafricanos en condiciones más ventajosas, que no fueran lacerantes para la soberanía de Angola y que pudiera negociarse la independencia de Namibia, a partir de la aplicación de la resolución 435 de la ONU, que demandaba tal propósito. Al mismo tiempo, enfatizaba Fidel en el envío, por parte de la URSS, de los armamentos, municiones y los sistemas antiaéreos que necesitaban los cubanos para seguir avanzando. Mientras tanto, Cuba fue reforzando a las tropas en Angola con sus propias armas. La esperada respuesta de los soviéticos llegó en enero de 1988, la operación la había aprobado Cuba desde noviembre del año anterior.
Cuando llegaron los refuerzos en 1988, como resultado de la nueva maniobra, las tropas cubanas en el país austral crecieron exponencialmente, hasta una cifra de más de 50000. Además, se movilizó el más avanzado armamento de Cuba, sobre todo aéreo y antiaéreo. La visión estratégica del líder de la Revolución cubana era pasar de la línea defensiva de Cuito Cuanavale hacia una nueva ofensiva en dirección del suroeste, donde los cubanos se encontraban en mejores condiciones. Fidel fue muy estricto con todos los detalles de la campaña que se desarrolló durante aquellos meses. Al hacer un balance, más de quince años después, el líder histórico de la Revolución cubana expresó: «La contundente victoria en Cuito Cuanavale, y sobre todo el avance fulminante de la potente agrupación de tropas cubanas por el suroeste de Angola, pusieron punto final a la agresión militar extranjera. El enemigo tuvo que tragarse su habitual prepotencia y sentarse a la mesa de conversaciones.»[7]
En el terreno diplomático, a medida que cambiaron las condiciones en el terreno, Fidel hizo hincapié en la resolución del conflicto internacional. Los problemas internos de Angola, debían ser resueltos por los angolanos, mientras que con el tema de la presencia de las tropas cubanas en el país, debía tomarse en cuenta la participación del gobierno de la isla. Había que demarcar la línea divisoria de los aspectos que debían abordarse en la futura negociación.
Fidel y las negociaciones sobre el conflicto en Angola
Cuando ya la correlación de fuerzas había variado a favor de los cubanos, Fidel empezó a reunirse con Jorge Risquet, un hombre con larga experiencia en las misiones de Cuba en África, sobre todo en la de Angola. Risquet fue el encargado de dirigir la delegación cubana en este intenso proceso negociador. Cuba consolidó sus victorias militares en el sur, expulsando a Sudáfrica de ese territorio, por tanto en un proceso de negociación esta no sería una variable a favor de Sudáfrica. Cuba buscaba el cese del apoyo sudafricano a la UNITA y el otorgamiento de la independencia a Namibia. Los otros aspectos podían ser manejados con los angolanos, de forma flexible.
Durante todas las rondas de negociaciones entre las partes involucradas, Cuba tuvo la firmeza de hacer oír su voz, de acuerdo con el papel protagónico que había desempeñado en el campo de batalla. La inteligencia y suspicacia de Fidel se hicieron presentes a través de las delegaciones cubanas que acompañaron dicho proceso. Para el verano de 1988, Cuba había logrado una posición muy fuerte en el terreno que le permitió sostener una postura invariable sobre los principales asuntos a negociar, los cubanos habían logrado construir una base aérea en tiempo record en la zona de Cahama. Esto sirvió para mejorar la infraestructura de los cubanos, sobre todo para el manejo del armamento aéreo y antiaéreo, que viabilizó las condiciones que Cuba necesitaba para lanzar su ofensiva contra los sudafricanos en la región del suroeste de Angola.
En la diplomacia cubana se reflejaron los principios manejados por Fidel de no dar ninguna garantía al enemigo sobre el avance de las tropas de Cuba hacia la frontera con Namibia. Los cubanos debían tener su propia voz en el proceso diplomático, más allá de la coordinación de criterios entre nuestro país y los hermanos angolanos. Se proyectaba, sin embargo, por parte de Sudáfrica el estado agónico del régimen del Apartheid en el que convergían varios factores, además de la posición de fuerza de Cuba en el suroeste. El impacto de esta situación en la inestabilidad del territorio namibio, donde el protagonismo de la SWAPO contribuyó a catalizar los acontecimientos. Por supuesto, influyó la lucha que se estaba librando en el corazón del Apartheid, en la propia Sudáfrica, elementos que modificaron la postura, inicialmente arrogante, del régimen.
El año 1988 representó un cambio en el orden de las operaciones militares a favor de angolanos y cubanos, a partir del cual se pudo negociar en mejores condiciones, proceso de varios meses que condujo a la firma de los Acuerdos de Nueva York a finales de diciembre de 1988. Se pudo garantizar el fin del apoyo de las fuerzas armadas sudafricanas a la UNITA, la retirada definitiva del territorio angolano de las tropas del régimen del Apartheid y un cronograma razonable de veintisiete meses para el regreso de los cubanos a casa, como lo habían manejado la parte cubana y angolana. Al mismo tiempo, se cumplió con otro de los principales propósitos, sobre el cual Fidel había mostrado una postura invariable, que fue la aplicación de la resolución 435 de la ONU, que le otorgó la independencia a Namibia. Este procedimiento comenzó en abril de 1989, período de tránsito que serviría para elegir una Asamblea Constituyente, encargada de elaborar una constitución para dicha república y proclamar la independencia. El liderazgo de Fidel, junto al resto de la dirección de la misión cubana, se comportó a la altura de los acontecimientos y enfrentó todas las adversidades posibles durante todo el período en que se extendió la misión cubana en Angola.
En enero del año 1989, Fidel había tenido un intercambio con estudiantes namibios en Cuba, donde abordó los asuntos relativos a los retos que le deparaba la nueva etapa que venía en camino. En esta dirección expresó:
Por eso, a partir del primero de abril, en que se inicia, o se debe iniciar, la aplicación de la Resolución 435, comienza una etapa en la historia de Namibia de gran importancia. Ya no se podrá impedir la independencia, pero la independencia sola no basta, a veces hay países independientes donde existe un gobierno títere, o un gobierno antipopular, o un gobierno reaccionario. ¡Hace falta la independencia y un gobierno popular! En dos palabras: ¡Hace falta la independencia y un gobierno de la SWAPO! Así, con esas palabras. Por eso nosotros no tenemos ninguna duda de lo que va a hacer el pueblo namibio en unas elecciones absolutamente libres y limpias: la inmensa mayoría del pueblo de Namibia va a votar contra los opresores, contra los racistas y sus títeres. Por eso es tan importante, en esta etapa, organizar al pueblo y orientar al pueblo. Pienso que la SWAPO tendrá que comprometerse a fondo en esa tarea política.[8]
Bibliografía:
Cantón Navarro, José; Arnaldo Silva León: Historia de Cuba (1959-1999), Ed. Pueblo y Educación, La Habana, 2011.
Castro Ruz, Fidel; Ignacio Ramonet: Cien Horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006.
______________: Discursos (tomo III) Ed. Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 1979.
Céspedes Carrillo, Alicia: Angola: tortuoso camino hacia la independencia. Ed. Félix Varela, La Habana, 2013.
Entralgo, Armando: ÁFRICA. Ed. Félix Varela, La Habana, 2004.
Gleijeses, Piero: Misiones en Conflicto. La Habana, Washington y África. 1959-1976, Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 2002.
_____________: Visiones de libertad. La Habana, Washington, Pretoria y la lucha por el sur de África (1976- 1991). (2 tomos) Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 2015.
Jiménez Gómez, Rubén G: En el sur de Angola, Ed. Verde Olivo, La Habana, 2015.
Neto, Agostinho: Sobre la liberación nacional,Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 2012.
Sánchez Porro, Reinaldo: África: luces, mitos y sombras de la descolonización. (En proceso de edición).
[1] Para una visión sobre el pensamiento y el proyecto de nación de Neto ver: Antonio Agostinho Neto: Sobre la liberación nacional, Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 2012.
[2] Acuerdos firmados en el centro turístico de la costa atlántica de Portugal, con dicho nombre. En estos tomaron parte el nuevo gobierno portugués, el MPLA, el FNLA y la UNITA, en los que se plasmaba la formación de un gobierno provisional con participación de las tres organizaciones y un alto comisionado lusitano, hasta la entrega del poder por parte de Lisboa, acordada para noviembre de 1975.
[3] Kissinger, Henry: Years of Renewal, Simon and Schuster, New York, 1999, p. 816.
[4] Para más información sobre este asunto consultar: Gleijeses, Piero: Visiones de libertad, La Habana, Washington, Pretoria y la lucha por el sur de África. (1976-1991). Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 2015.
[5] Para una información detallada sobre estos acontecimientos: Gleijeses, Piero: Ob. cit.
[6] Escándalo ocurrido en el gobierno norteamericano de Ronald Reagan debido a la venta de armas a Irán, lo cual estaba prohibido por las leyes norteamericanas. Un fondo proveniente de dichas ventas fue donado a la oposición en Nicaragua cometiendo, de esta forma, otro acto de ilegalidad. Esta situación desembocó en una crisis que condujo a la expulsión de varios de los elementos más recalcitrantes de la administración Reagan y debilitó las posiciones más beligerantes en relación a Cuba.
[7] Cien Horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006, p. 374.
[8] Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz en la escuela en el campo Hendrick Witbooi, de jóvenes namibios, durante su recorrido con Desmond Hoyte, presidente de la República Cooperativa de Guyana, por la Isla de la Juventud, el 29 de enero de 1989. Versiones taquigráficas del Consejo de Estado.

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