Cuando creÃmos armado el número 7 –número afortunado que dicen da buena suerte– se apareció Gerardo en nuestra oficina. AsÃ, sin avisar. Encendimos la grabadora, colocamos la cámara en su lugar y conversamos durante una hora y media más o menos. Para todo el equipo de Pensar en Cuba, tanto para los que estábamos como para los que no, su presencia allà significó mucho. Una inyección de energÃa, de patriotismo; también una lección de humildad. Nos apuramos a transcribir sus palabras –gracias a Sandra, Claudio, Analay y a Ana Carla– y pusimos el punto final a esta edición.
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